Libro desarrolla el tema de la violencia intrafamiliar en parejas del mismo sexo
Marzo de 2005
A continuación puede leer la introducción del libro Más allá del Género: Violencia doméstica en parejas del mismo sexo, editado por los psicólogos José Toro-Alfonso y Sheilla Rodríguez-Madera. Editado en Puerto Rico, por Ediciones Huracán, 2005.
La violencia en parejas del mismo sexo: Un acercamiento a la violencia doméstica más allá del género
José Toro-Alfonso
El problema de la violencia doméstica en las comunidades gay/lésbicas ha sido ignorado hasta muy recientemente. Existen muchos factores que explican esto, como la homofobia y el sexismo que han evitado que se reconozca el problema. El desbalance de poder, el aprendizaje y transmisión intergeneracional de la violencia y el abuso de alcohol y drogas se han correlacionado con la violencia doméstica en parejas de hombres homosexuales (Cunradi, Caetano, Clark & Schafer, 1999). Otros asuntos como destrezas en la solución de conflictos y el nivel de aculturación pudieran también estar asociados a la violencia en las relaciones íntimas.
La literatura nos plantea tres posibles escenarios que contribuyen al desarrollo de la violencia doméstica: el aprendizaje social en la infancia, el ambiente social que tolera la violencia y el abuso, y la decisión individual del agresor para seleccionar l a violencia como alternativa.
La violencia doméstica en parejas del mismo sexo
La violencia doméstica (VD) se define como un patrón sistemático de conductas, en una relación íntima, que ocurre a través de un periodo de tiempo y que puede llegar a ser frecuente y severo. La violencia doméstica se realiza con el objetivo de controlar, dominar y coaccionar a otra persona (Schornstein, 1997; Farley, 1992). Algunas personas consideran la violación sexual en una cita como parte de espectro de la VD, considerándola como una agresión en una relación de intimidad (Scarce, 1997; Hickson, Davies, Hunt, Weatherburn, McManus & Coxon, 1994). A pesar de que la violencia doméstica ha sido reconocida como un problema serio entre heterosexuales desde hace aproximadamente treinta años, no fue hasta los años sesenta y setenta que el movimiento feminista asumió la tarea de documentar la incidencia de violencia contra las mujeres heterosexuales. Estudios recientes en los Estados Unidos muestran que hasta un 16% de las mujeres han tenido la experiencia de alguna forma de violencia doméstica y por lo menos un 8% ha requerido atención médica (Renfrew, 1997). Igualmente, Straus y Gelles (1990) y Koss (1990) estimaron el nivel de violencia doméstica en parejas heterosexuales (de todo tipo: verbal, emocional, física y sexual), entre un 13 y un 33%.
Recientemente la comunidad gay/lésbica ha desarrollado programas para documentar la prevalencia de VD en parejas del mismo sexo (NCAVP, 1997). El problema de la violencia en las comunidades gay/lésbicas ha sido ignorado hasta hace muy poco tiempo (Renzetti, 1997,1998). La homofobia y el sexismo han sido factores cruciales que han impedido el reconocimiento del problema. Otra barrera ha sido la negación de la agresión íntima en la misma comunidad homosexual (Elliot, 1996; Hamberger, 1996; Hanson, 1996; Merrill, 1996a-b; Renzetti, 1992; Island & Letellier, 1991). Las personas activistas en las comunidades de personas gay y lesbianas evitan hablar del problema temiendo que algunos grupos heterosexuales usen la información como argumento para alimentar los ataques homofóbicos. La consecuencia ha sido que la investigación sobre la VD en parejas del mismo sexo ha sido limitada y sin representación de sectores de minorías raciales y étnicas en los Estados Unidos.
La realidad es que la violencia doméstica en parejas gay es demasiado brutal para ser negada. Island y Letellier (1991) estimaron que en los Estados Unidos por lo menos 500,000 hombres gay son víctimas de VD y que un número igual son agresores. La realidad es que es imposible estimar acertadamente el nivel de VD en parejas de hombres del mismo sexo debido a la invisibilidad de esta comunidad. La mayoría de los estudios realizados se han hecho con muestras que no se han seleccionadas al azar; sin embargo la literatura más confiable indica que el nivel de VD en estas parejas está entre 10% a 30%. Algunos estudios informan tasas de VD tan altas como hasta 73% entre lesbianas (Klinger & Stein, 1996).
Para entender el problema de la violencia doméstica en parejas del mismo sexo podemos utilizar una conceptualización que combina interpretaciones psicosociales (Hamberger, 1994; Zemsky, 1990). Las relaciones de violencia se dan dentro del contexto de la relaciones de poder entre la pareja (Klinger, 1995) y dentro de un contexto social peculiar. Desde esta perspectiva se plantea que se requieren tres elementos básicos para que ocurra la VD: 1) un proceso de aprendizaje a través de la experiencia personal durante el crecimiento y por medio de modelos de aprendizaje social; b) un ambiente social que permita al agresor ser abusivo, y 3) la ausencia de destrezas de solución de problemas que lleva a la persona a escoger la violencia entre otras alternativas para solucionar conflictos.
El ambiente social en el que una persona abusadora se desarrolló tuvo una cantidad significativa de violencia. Probablemente, uno de los indicadores de riesgo para que ocurra VD contra la pareja más aceptados, es el historial de violencia en la familia de origen (Straus, Gelles & Steinmetz, 1988; Arias, 1984; Kalmus, 1984). La literatura establece que el primer mecanismo involucrado en la transmisión intergeneracional de la VD es el modelaje de las conductas violentas de los padres (O’Leary, 1988; Arias, 1984). A largo plazo, la violencia contra la pareja se relaciona con los niveles de violencia familiar en la próxima generación y quizás en la comunidad contemporánea. Ser testigo de violencia física entre los padres se correlaciona altamente con agresiones severas en las relaciones de pareja de los hijos. Se ha encontrado diferencias metodológicas, sobre todo en la forma en que se ha medido la violencia en las familias de origen, que han dificultado el análisis de los resultados (West, 1998).
En nuestra sociedad, la homofobia y el sexismo justifican la conducta abusiva contra la pareja del mismo sexo, sin consecuencias negativas mayores para la parte agresora. El agresor es violento contra aquella persona sobre la cual entiende que tiene “poder”, “superioridad”, “más experiencia”, “más capacidad”, “mayor posibilidad de manipulación” y de quien espera poca o ninguna reacción (Gondolf, 1988). La víctima decide mantener la violencia en secreto en vez de notificar las autoridades policíacas y judiciales, las cuales percibe como hostiles a la comunidad gay/lésbica. Si la violencia doméstica continua sin repudio social, algunas personas continuarán usándola como alternativa para solucionar conflictos (Merrill, 1999; Merrill & Wolfe, 2000).
A pesar de que existe gran controversia en la literatura sobre la etiología de la VD y sobre si tiene orígenes socio-políticos, si depende del género o de aspectos psicológicos, hay un consenso universal de que el agresor selecciona la violencia como alternativa de solución de problemas (Caesar & Hamberger, 1989; Sonky & Durphy, 1989; Frank & Houghton, 1987). A pesar de que a la víctima le puede parecer que su pareja “ha perdido en control”, la conducta abusiva siempre es intencional y deliberada (Gondolf, 1988). El abuso no es asunto de perder el control sobre nuestro comportamiento, es un patrón sistemático y deliberado que se utiliza para ganar el control sobre la pareja. Frank & Houghton (1987) establecen claramente que los abusadores se dan el permiso a ellos mismos para ser violentos. El abuso es una opción a pesar de que existen otras opciones y están disponibles.
Los hombres gay víctimas de violencia doméstica están claramente a riesgo para la infección por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH). La violación y el abuso sexual son generalmente parte integral de la violencia doméstica (Renzetti, 1992) y no existe ninguna razón para creer que un hombre que viola a su pareja, lo hará usando condón. Quizá, y probablemente más seria, es la posibilidad de que el agresor intente infectar deliberadamente a su pareja para evitar que le deje o le abandone. Por otro lado, la víctima de VD generalmente esta aislada de la comunidad por lo que tiene menor posibilidad de tener acceso a información correcta sobre el VIH, SIDA y sobre prácticas de sexo más seguras.
La violencia contra la pareja en las comunidades latinas en los Estados Unidos
La comunidad latina representa aproximadamente 22.4 millones de personas, cerca del 12% de población de los Estados Unidos. Se proyecta que seremos el mayor grupo minoritario para el final de siglo (US Bureau of Census, 2000). La comunidad mexicana, puertorriqueña y cubana constituyen el grupo latino mayor que vive en los Estados Unidos. Como resultado de una invasión durante la guerra hispanoamericana, los puertorriqueños somos ciudadanos americanos aunque el gobierno local no tiene representación en el Congreso y no se participa de las elecciones presidenciales. La relación política entre Puerto Rico y los Estados Unidos ha producido un alto nivel de inmigración de puertorriqueños hacia el norte. Existe una alta concentración de puertorriqueños en la región Noreste de los Estados Unidos, específicamente Nueva York, Hartford, Filadelfia, Chicago, Miami y otras ciudades similares.
La investigación sobre la incidencia de violencia contra la pareja entre comunidades latinas ha sido escasa y reporta que no hay diferencia en las tasas de agresión contra la pareja en comparación con anglosajones. Sin embargo, el hecho de que las investigaciones consideran a los latinos como un grupo homogéneo y se han concentrado en latinos que hablan inglés, ha sido un obstáculo metodológico para obtener un cuadro claro de la incidencia de la VD en subgrupos de latinos (Bernal & Enchaustegui, 1994; Marín & Marín, 1991). Cuando se confrontaron estas variables, Kaufman Kantor, Jasinsky & Aldarondo (1994) encontraron que los esposos puertorriqueños (20.4%) mostraban el doble en la tendencia a ser violentos que los esposos anglosajones (9.9%) y diez veces más la probabilidad de ser agresivo contra su pareja que los esposos cubanos (2.5%). Estos resultados son similares cuando se comparan con otros subgrupos de latinos.
Todo parece indicar que los niveles de violencia contra la pareja en las comunidades de latinos son mayores cuando se comparan con la población anglosajona (Schafer, Caetano & Cunradi, 2004). Se necesita una explicación estructural para entender los niveles de VD en estas poblaciones. Los grupos étnicos minoritarios son grupos desventajados en una sociedad en la que la raza y la etnicidad determinan el acceso a los recursos económicos. Los grupos étnicos minoritarios no son inherentemente más violentos que la población anglo-americana , en realidad están sobre representados en las categorías demográficas de mayor riesgo para la violencia física. En muchos casos la diferencia racial en las tasas de violencia contra la pareja desaparece cuando se controlan la edad, clase social, y ocupación del esposo (Strauss, et. al., 1980). El resto de las diferencias étnicas se pueden explicar por los niveles de aculturación, abuso de alcohol y la aprobación social tácita de la violencia (Kafman Kantor, et. al., 1994; Cazenave & Strauss, 1990).
Se ha estudiado el nivel de aculturación, definido como la aceptación de la norma y los patrones de conducta de la sociedad anfitriona por parte de los grupos inmigrantes (Gordon, 1964), como un factor que contribuye a la violencia doméstica. Los resultados han sido contradictorios. Kaufman Kantor (1994) encontró que nacer en los Estados Unidos se asociaba con el aumento en el riesgo de abusar de la pareja entre los méxico-americanos y los puertorriqueños. Sin embargo, la evidencia sugiere que los miembros menos aculturados de algunos grupos étnicos son más violentos. Jasinsky (1996) encontró que entre los puertorriqueños la violencia contra la pareja se asociaba con haber nacido fuera de los Estados Unidos. Jasinsky plantea que los latinos no nacidos en los Estados Unidos en su esfuerzo para asimilarse, experimentan conflictos entre su cultura de origen y la cultura anglosajona. El estrés asociado a este ajuste puede llevar a la violencia.
La influencia del nivel de aculturación sobre la violencia doméstica entre parejas del mismo sexo no se ha estudiado. Sin embargo, no hay lugar a dudas sobre los altos niveles de estrés que genera ser homosexual dentro de las comunidades latinas en los Estados Unidos. De igual forma, integrarse a la comunidad gay siendo latino en los Estados Unidos, genera el estrés que resulta de la posibilidad de rechazo por pertenecer a un grupo étnico minoritario.
Investigación sobre violencia doméstica en parejas del mismo sexo en Puerto Rico
En el 1998 realicé un estudio preliminar sobre violencia doméstica en parejas del mismo sexo con el apoyo financiero del National Latino(a) Gay and Lesbian Organization (LLEGO). Traduje y adapté un instrumento desarrollado por Nieves-Rosa & Toro-Alfonso (1996) Este estudio original (Toro-Alfonso, 1999) consistió de una muestra de 88 (58%) hombres gay de Puerto Rico y de 63 (41%) mujeres lesbianas, para un total de 152 participantes. De la muestra total, el 40% informó estar en una relación permanente con una persona del mismo sexo; el 83% estaban empleados y 5% eran estudiantes. Los participantes informaron un promedio de 16 años de escolaridad y el 72% informó ingresos anuales de menos de $19,999.
Los resultados de la encuesta correlacionan fuertemente con los hallazgos de otros estudios en poblaciones de hombres gay y lesbianas en los Estados Unidos. Una cuarta parte (24%) de los participantes informaron que sus padres fueron abusivos con sus madres y con sus hermanos(as). Una proporción similar de hermanos y hermanas fueron abusivos entre ellos(as). El trece por ciento (13%) informó por lo menos una instancia de violencia física en su relación. La mitad (50%) de los participantes informaron instancias frecuentes de violencia verbal y emocional. La cuarta parte (25%) informó que sus parejas estaban bajo los efectos del alcohol al momento de la agresión.
Uno de los objetivos del estudio preliminar era examinar la relación, si alguna, entre la violencia y los niveles de riesgo para la infección por el VIH. Algunas investigaciones han intentado encontrar una relación entre la violencia íntima y la infección por el VIH (Letellier, 1996). Quince por ciento (15%) de los participantes en el estudio informaron ser VIH positivos. Se le preguntó a los hombres sobre experiencias de coacción para ser penetrados sin condón. Cerca del 15% de los participantes informaron haber sido penetrados sin condón. Cerca de un cuarto de los participantes informaron que habían permitido que sus parejas lo penetraran sin protección por que sentían “la necesidad de complacerle”. Sintieron la presión para ceder ante el reclamo porque sus parejas insistieron usando argumentos que “luego se dieron cuenta de que no eran ciertos”.
El estudio reveló una correlación positiva entre ser victimizado en una relación y haber sido víctima de abuso emocional por parte del padre (p<.05). Se encontró además, una correlación positiva entre ser penetrado sin condón y el sentimiento de complacer a la pareja y ser VIH positivo (p<.03).
La violencia contra la pareja entre los participantes de este estudio es realmente un problema serio. Los resultados subrayan la necesidad urgente de manejar el problema en la comunidad gay en Puerto Rico. Se hizo evidente la necesidad de explorar más la relación entre la violencia contra la pareja y el abuso recibido en la infancia por parte de los padres, la influencia del alcohol como agente inhibidor de la capacidad para identificar alternativas no violentas para solucionar problemas debe estudiarse cuidadosamente; de igual forma los asuntos relacionados con el desarrollo de destrezas para solucionar conflictos y la posible relación entre la violencia doméstica y la transmisión del VIH.
Pertinencia de la investigación sobre la violencia en parejas del mismo sexo
Sin lugar a dudas la violencia doméstica es un problema que requiere examinarse detenidamente. Por otro lado, la construcción y la percepción de la violencia en hombres homosexuales y su posible relación con el nivel de vulnerabilidad para infección del VIH ameritan el esfuerzo de examinar la incidencia de agresión y violencia en las relaciones entre parejas. La psicología tiene la responsabilidad de identificar el problema y desarrollar modalidades de intervención que encuentren una solución a los problemas de violencia en una población que ha sido social y culturalmente rechazada por su orientación sexual.
Este es el contexto en el cual se iniciaron una serie de investigaciones sobre la violencia doméstica en parejas del mismo sexo en Puerto Rico que se incluyen en esta publicación. Una investigación inicial dio origen a una serie de investigaciones relacionadas al tema de la violencia doméstica en parejas de hombres gay y de lesbianas.
Iniciando esta publicación encontramos una conceptualización sobre la violencia doméstica realizada por Santos & Toro en la cual se discuten los marcos teóricos principales que intentan explicar la violencia contra la pareja desde los paradigmas biologistas, psicológico y social. Los autores definen ampliamente la violencia contra la pareja en todas sus manifestaciones y examinan la literatura que intenta ofrecer explicaciones sobre el desarrollo de las relaciones de intimidad que son violentas y llenas de agresividad. Incluyen explicaciones desde la biología que describen el origen genético y fisiológico de la agresión de los hombres contra su pareja.
Santos y Toro examinan las explicaciones sobre el origen biológico de la violencia contra la pareja repasando la literatura que describe desde la “imprinting” hasta los estudios cromosomáticos y hormonales que indican la naturaleza biológica y hasta “natural” de las tendencias violentas en los hombres. Los autores explican además los modelos psicológicos y cognitivos que ofrecen explicaciones alternas para el origen de la violencia. Desde Freud hasta los cognitivistas modernos y las personas seguidoras del modelo de aprendizaje social, explican desde la psicología la agresión contra la pareja.
Finalmente Santos y Toro describen el modelo social con sus explicaciones sobre el contexto social en el que ocurre la violencia y sus manifestaciones. Se incluye aquí la descripción del patriarcado, el sexismo y los modelos constructivistas sobre la masculinidad.
El trabajo de Santos y Toro nos sirve de base para los demás trabajos que se incluyen en esta publicación. Este trabajo inicial nos ubica en los diversos paradigmas que aparecen en la literatura para ofrecer explicaciones sobre la violencia doméstica y nos sirve para insertar la reflexión sobre la aplicabilidad de estos paradigmas a las parejas del mismo sexo.
En el trabajo de Toro-Alfonso y Rodríguez-Madera presentamos el resultado de una investigación realizada en Puerto Rico sobre la violencia doméstica en parejas gays. Los participantes son hombres gay puertorriqueños, relativamente jóvenes quienes reportaron un alto nivel de violencia en sus relaciones. Cuarenta por ciento de los participantes identificó principalmente ser víctima de violencia emocional y casi una cuarta parte, de algún tipo de coerción sexual. Esta muestra informó además niveles altos de violencia en sus familias de origen y que poseen pocas destrezas para solucionar conflictos. Los resultados de este estudio apoyan los hallazgos de otros estudios que establecen una relación entre la violencia intergeneracional, bajo nivel de asertividad, asuntos de control y discriminación social con la violencia doméstica.
En el artículo de Toro-Alfonso y Rodríguez-Madera encontramos una revisión actualizada de la literatura sobre las investigaciones realizadas en Estados Unidos sobre la violencia doméstica en parejas de hombres gays. Se destaca entre los resultados el aprendizaje social y la falta de destrezas de solución de conflictos como base para la violencia.
En el trabajo de Franco Del Valle, Malavé Lebrón y Toro-Alfonso presentamos la realidad de la violencia doméstica en una muestra de mujeres lesbianas puertorriqueñas. Lo interesante de este trabajo es que además de ser probablemente la primera investigación sobre este tema realizada en Puerto Rico, presenta los resultados de entrevistas a profundidad con mujeres dirigentes de varios hogares de refugio y protección para mujeres víctimas de violencia. El objetivo de este trabajo era describir la violencia entre mujeres lesbianas e identificar sus necesidades de apoyo social. Se incluyó la exploración sobre el nivel de conocimiento y la disposición de ofrecer servicios a mujeres lesbianas de una representación de centros de ayuda a mujeres maltratadas en Puerto Rico.
El trabajo concluye que es necesario que los albergues, organizaciones y centros de servicio examinen su accesibilidad a todas las mujeres, incluyendo lesbianas, y trabajen hacia el desmantelamiento de todo el andamiaje social que excluye a la mujer lesbiana de recibir servicios necesarios.
En su trabajo Nieves-Rosa nos informa sobre los resultados de una encuesta sobre la violencia doméstica entre parejas del mismo sexo entre 85 hombres Latinos gay reclutados por disponibilidad en organizaciones latinas gay en la ciudad de Nueva York. Desde una perspectiva multidisciplinaria Nieves-Rosa hace recomendaciones para el desarrollo de políticas públicas, la investigación y la práctica de la profesión del trabajo social con esta población.
Rodríguez-Madera elabora sobre las metodologías utilizadas para la investigación en general y en poblaciones de parejas del mismo sexo en particular. Examina las implicaciones éticas de la investigación sobre la violencia doméstica en las parejas del mismo sexo. Nos invita a la reflexión sobre los cuestionamientos de las personas que realizan investigación con poblaciones gay, lésbicas y transgéneros.
Finalmente Burgos hace una reflexión sobre todos los trabajos que se incluyen en esta publicación. Tomando como punto de partida la interdisciplinariedad y con una mirada crítica a la falta de investigaciones comprometidas con las poblaciones vulnerables, nos invita a re-examinar nuestras preconcepciones y a continuar con las contribuciones que desde y para la comunidad se incluyen en este trabajo.
Los trabajos que incluimos aquí tienen varias limitaciones que debemos señalar sin menospreciar la extraordinaria contribución para romper el silencio general sobre la violencia doméstica y atender el impacto de la misma en las parejas gay y lesbianas. Estos trabajos de investigación se realizaron con muestras por disponibilidad por lo que no podemos generalizar los resultados. Estos trabajos nos pueden dar un idea de la magnitud del problema y de sus serias implicaciones para el desarrollo de una sociedad más justa pero en ninguna manera representa el universo desconocido de las personas que se orientan sexualmente hacia personas del mismo sexo.
Sirva entonces este trabajo para demostrar por un lado la amplitud de investigación que realizamos en Puerto Rico y un acercamiento al examen de la violencia contra la pareja más allá del género. Esperamos que lo disfrute y que esta lectura coloque nuevamente el germen para el desarrollo de investigaciones posteriores de mayor magnitud.
E-mail de contacto: jtoro@uprrp.edu






